Guardianes de la memoria

El cuerpo humano ha desarrollado mecanismos para defenderse de agentes externos, ya sean substancias químicas u organismos vivos como bacterias y virus. En respuesta a una infección, los linfocitos se movilizan y se mueven por el torrente sanguíneo para producir anticuerpos que atacarán al invasor. Un proceso biológico se dispara entonces, enviando señales para movilizar a los otros sistemas de defensa. Es la inflamación. Una vez rodeados de anticuerpos, células del sistema inmune como los macrófagos se arrastran hasta los invasores y los envuelven como si fuera los tentáculos de un pulpo hasta hacerlos desaparecer. Este sistema, sin embargo, tiene su excepción. El cerebro y en general el sistema nervioso son un “santuario” en el que estos procesos, salvo excepciones, no son válidos.

El motivo es sencillo, un proceso inflamatorio como el que sucede, por ejemplo, en una herida, podría tener consecuencias devastadoras en el frágil y delicado cerebro. Por lo tanto, el sistema nervioso dispone de sus propias células de defensa, que son las células de la microglia. Similares a los macrófagos, estas células son capaces de fagocitar (comerse, literalmente) a invasores del sistema nervioso.

microglia pattern
Las células de la microglia son capaces de fagocitar (“comerse”, literalmente) el péptido amiloide, controlando su acumulación y evitando la formación de agregados.

Hoy sabemos que la acumulación de placas de beta-amiloide es interpretada por el sistema nervioso como un ataque, y la microglia se  moviliza para rodear las acumulaciones de péptido amiloide. Lo que no tenemos muy claro es si, poniéndolo en la balanza, el papel de la microglia es beneficioso o puede ser perjudicial a la larga. Veamos porqué.

Sabemos que las células de la microglia pueden “comerse” el péptido amiloide. Además, en cerebros humanos se observa como microglia activada se acumula alrededor de las placas. De hecho, en un ratón en el que la microglia ha sido eliminada artificialmente o en el que ésta, por algún motivo, no funciona como debe, las placas amiloides son más grandes y frecuentes. Por tanto, es lógico pensar que activar de alguna manera la microglia podría ser una manera de detener la formación de la placa. Sin embargo, cuando la microglia entra en contacto con la placa amiloide, también produce señales pro-inflamatorias, que tienen como objetivo reclutar más células para combatir la invasión, en este caso, del péptido amiloide. Mientras eso puede ser una buena estrategia contra infecciones puntuales, cuando hablamos de un proceso crónico como el que se produce en el Alzheimer, nos arriesgamos también a que la inflamación en el cerebro pase a ser crónica, dañando las neuronas y sus conexiones. De hecho, algunos autores sugieren que el efecto nocivo del péptido amiloide en el cerebro no es debido a él mismo sino a la estimulación que provoca en la microglia. Llevado al extremo, se podría considerar el Alzheimer como una enfermedad inflamatoria.

El estudio de los factores genéticos que influyen en el Alzheimer parece indicar que ciertos genes relacionados con la inflamación o las funciones de la microglia determinan el riesgo de padecer la enfermedad. Esta observación ha acrecentado en los últimos años el interés por entender el rol de la microglia en el Alzheimer, hasta convertirlo en tema candente, y que debería aclarar en poco tiempo si manipular la microglia y la inflamación en el cerebro puede ser una opción terapéutica real para tratar el Alzheimer.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s