La Isla de las Cabezas Cortadas

Seguramente habréis oído en algún momento las intenciones de un médico italiano llamado Sergio Canavero, de intentar el primer trasplante de cabeza (por cierto, el término correcto es trasplante de cuerpo, la cabeza es lo importante). Actualmente trabajando en China, de vez en cuando su proyecto aparece en los medios. Planteado como una solución para personas tetrapléjicas, también se ha especulado en la posibilidad de la inmortalidad conseguida a partir de trasplantes consecutivos de la cabeza. Más allá de las enormes dudas técnicas que presenta una operación de ese tipo, imposible que tenga éxito según muchos expertos, así como de los dilemas éticos que suscita, no pude evitar plantearme un aspecto más ligado al tema de este blog, y que me permite introducir un tema de debate científico vinculado al Alzheimer.

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Ya hemos comentado que la acumulación de péptido amiloide (beta amiloide) en forma de “placas” es una característica sine qua non para poder diagnosticar un caso de Alzheimer. Sin embargo, también sabemos de personas de edad avanzada con acumulaciones de beta amiloide en el cerebro y que sin embargo no sufren deterioro cognitivo.

Existe la hipótesis de que la formación de placas, aunque a velocidad variable entre individuos, es una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Aunque algún estudio en personas centenarias puede contradecir esta hipótesis, la estadística sugiere que personas mayores de 85 años tienen más del 33% de probabilidades de ser diagnosticadas con la enfermedad de Alzheimer porque presentarán placas amiloides en el cerebro y ligeros síntomas de deterioro cognitivo (lo que no significa que necesariamente lleguen a los estados más avanzados del Alzheimer). El desarrollo de una demencia propiamente dicha dependerá de varios factores entre los que se encuentra la llamada reserva cognitiva del individuo, es decir, la resistencia natural de un cerebro a los daños producidos por la acumulación de agregados.

Por ejemplo, si un cerebro contiene muchas conexiones cerebrales (sinapsis), se supone que puede tolerar perder un número mayor de ellas antes de que el individuo manifieste síntomas de demencia. Se piensa, por tanto, que no existen personas inmunes al Alzheimer sino más bien personas que resisten mejor el envejecimiento del cerebro pero que tarde o temprano lo desarrollarían si vivieran lo suficiente.

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Si la acumulación de placas de beta amiloide es un aspecto inevitable del envejecimiento, la reserva cognitiva de cada individuo determinará cuando se manifestarán los primeros síntomas del Alzheimer.

Si aceptamos que la acumulación de agregados en el cerebro es un fenómeno fisiológico ligado a la edad, por mucho que una cabeza trasplantada viaje de cuerpo en cuerpo seguirá acumulando placas amiloides y desarrollando Alzheimer o algún otro tipo de demencia tarde o temprano. En definitiva, casi mejor dedicarnos a curar el Alzheimer antes de poner cabezas a dar vueltas por ahí.

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